En el cuaderno que va escribiendo el protagonista de El caracol dorado, con todas las lecciones que va aprendiendo por el camino, hay la siguiente reflexión:

Gran parte de los problemas de comunicación entre los seres humanos proceden de no expresar los sentimientos, con lo cual las emociones se enquistan y se agrandan.

Transmitir de manera franca y sosegada cómo te has sentido en determinada situación hace partícipe al otro de tus emociones y facilita que el vínculo se refuerce, evitando rencores.

Pero el primer paso es identificar las propias emociones. Eso no solo te permitirá comunicarlas, sino que te enseñará a reconocer y comprender a su vez las emociones de los demás.

En su ensayo Inteligencia Emocional, Daniel Goleman señalaba la importancia de reconocer lo que sentimos y de identificar también cómo se sienten los demás. Ir por la vida sin esa herramienta es como entrar en una habitación llena de gente con los ojos tapados. Chocarás sin cesar con los demás.

Reconoce lo que sientes y exprésalo en su momento, no después.

Lee las emociones de los demás y ofrece tu ayuda. Ahora, no después.

Si te riges por estos principios, el amor iluminará tu vida.