En momentos de extrema dificultad, cuando solo el ingenio, la honestidad y la capacidad de trabajo pueden salvarnos, la mujer brilla con luz propia como un faro en medio de la tempestad.

Prueba de ello fue la última crisis económica en Islandia, cuando los juegos irresponsables de los banqueros llevaron al país a la bancarrota, además de arruinar a miles de pequeños inversores del extranjero.

Además de meter a los responsables en la cárcel, a diferencia de lo que sucede en la mayoría de países, este país nórdico de poco más de 300.000 habitantes decidió entregar el poder a las mujeres.

Se consideraba que, por el hábito de ser madre y alma del hogar, un liderazgo femenino era la solución para poner en orden la maltrecha casa de los islandeses. Y así fue. Hoy Islandia vuelve a ser un país próspero y bien llevado.

Las mujeres son la esperanza y el futuro del mundo, por eso quiero dedicarles esta inspiración de origen desconocido:

Y el diablo nos susurró al oído:

—No eres lo suficientemente fuerte para sobrevivir esta tormenta.

Hoy es tiempo de decirle al diablo:

—Yo soy la tormenta.